Hay días en los que tenemos claro hacia dónde queremos ir y otros en los que cualquier paso parece demasiado esfuerzo.
No siempre nos falta capacidad. A veces nos falta impulso. O sentido. O simplemente necesitamos detenernos para descubrir si aquello que perseguimos sigue siendo realmente importante para nosotros.
Eso también forma parte de la automotivación.
Cuando hablamos de una persona emocionalmente inteligente solemos pensar en alguien que está motivado, ilusionado y tiene interés por aquello que hace. Así aparecía también en [Las 12 características de una persona emocionalmente inteligente].
Pero estar motivado no significa vivir permanentemente con entusiasmo.
La automotivación tiene más que ver con nuestra capacidad para encontrar razones para seguir avanzando, incluso cuando aparecen dificultades, dudas o momentos de desánimo.
La motivación es esa disposición que nos impulsa a emprender un proyecto, afrontar un reto o acercarnos a una meta. Y, para hacerlo, necesitamos algo más que desear aquello que queremos conseguir.
Necesitamos conocernos.
Necesitamos saber qué nos importa, qué recursos tenemos, qué dificultades pueden aparecer y qué podemos hacer cuando el camino no se desarrolla como habíamos imaginado.
También necesitamos reconocer nuestras fortalezas y nuestras limitaciones. No para clasificarnos, sino para utilizarlas a nuestro favor.
Conocernos mejor nos permite construir estrategias más realistas y, sobre todo, más nuestras.
No siempre reconocemos nuestros propios recursos
Todos somos capaces de recordar alguna ocasión en la que conseguimos algo que parecía difícil.
Sin embargo, en demasiadas ocasiones atribuimos nuestros aciertos a la casualidad.
«Tuve suerte».
«Se presentó una oportunidad».
«Simplemente salió bien».
Y quizá fue así en parte. Pero también es posible que aquella oportunidad apareciera porque estábamos atentos, porque nos atrevimos a intentarlo, porque habíamos trabajado previamente para estar preparados o porque supimos reconocerla cuando apareció.
Reconocer nuestra participación en aquello que conseguimos también es una forma de automotivarnos.
Nos recuerda que tenemos recursos que podemos volver a utilizar.
No se trata de convencernos de que podemos conseguir cualquier cosa. Se trata de reconocer aquello que sí está en nuestras manos.
No todo tiene que ocurrir al final
Cuando pensamos en una meta solemos imaginar el momento en que finalmente la alcanzamos.
El título conseguido.
El proyecto terminado.
El problema resuelto.
El cambio realizado.
Pero si toda nuestra satisfacción queda aplazada hasta ese momento, el camino puede hacerse demasiado largo.
Los pequeños avances también cuentan.
Aprender algo nuevo, superar una dificultad, mantener un compromiso, volver a intentarlo después de equivocarnos… son pequeñas señales de que estamos avanzando.
Reconocerlas no significa conformarnos.
Significa utilizar el propio recorrido como fuente de energía para continuar.
A veces necesitamos detenernos y mirar hacia atrás para descubrir cuánto hemos recorrido.
Perseverar no significa insistir a cualquier precio
Cualquier reto necesita una acción, un compromiso y cierta perseverancia.
Pero también necesita ser revisado.
Una meta puede ser importante y, al mismo tiempo, necesitar ser modificada.
A veces perseverar significa continuar.
Otras veces significa cambiar de estrategia, pedir ayuda o incluso reconocer que aquello que perseguíamos ya no tiene sentido para nosotros.
La automotivación necesita perseverancia, pero también capacidad para escucharnos.
Cada persona tiene necesidades diferentes, impulsos distintos y deseos propios. Por eso no existe una fórmula universal para mantener la motivación.
Lo que para una persona representa un reto estimulante puede resultar agotador para otra.
Lo que hoy nos ilusiona puede dejar de hacerlo mañana.
Y eso no significa necesariamente que hayamos fracasado.
Significa que estamos cambiando.
No siempre podemos ser Superman
Nos gusta pensar que podemos con todo.
Que si realmente queremos algo encontraremos la manera de conseguirlo.
Que basta con esforzarnos un poco más.
Pero no siempre es así.
Hay momentos en los que nuestras fortalezas no son suficientes. Nos equivocaremos, perderemos oportunidades o simplemente no conseguiremos aquello que esperábamos.
No siempre podemos comportarnos como Superman.
Debemos permitirnos también nuestras propias flaquezas. No para instalarnos en ellas, sino para poder reconocerlas.
Una equivocación puede mostrarnos algo que no habíamos visto.
Una dificultad puede ayudarnos a descubrir una capacidad que desconocíamos.
Un proyecto que no sale como esperábamos puede obligarnos a revisar nuestro camino.
El error también puede convertirse en información para el siguiente paso.
Por eso resulta tan importante no confundir un resultado negativo con una definición de nosotros mismos.
No haber conseguido algo no significa ser incapaz.
Haber cometido un error no significa ser un error.
No saber qué hacer todavía no significa que no vayamos a encontrar una respuesta.
Cuando perdemos la motivación
Hay momentos en los que la motivación se diluye.
Aquello que nos ilusionaba deja de hacerlo.
El esfuerzo empieza a parecernos excesivo.
Nos cuesta encontrar un sentido a lo que estamos haciendo.
En esos momentos podemos sentir que hemos perdido nuestra fuerza.
Pero quizá no necesitamos recuperar exactamente la motivación que teníamos antes.
Quizá necesitamos preguntarnos qué ha cambiado.
¿Sigue siendo importante para mí aquello que estoy persiguiendo?
¿Qué necesito ahora para continuar?
¿Estoy intentando alcanzar una meta que realmente es mía o una que he asumido porque alguien esperaba que la alcanzara?
¿Qué parte de este camino depende de mí?
¿Qué tendría que cambiar para volver a encontrar sentido?
A veces la automotivación comienza precisamente con una pregunta.
Escucharnos también es avanzar
En muchas ocasiones pensamos que motivarnos consiste en empujarnos hacia delante.
Pero también podemos entenderlo de otra manera.
Escucharnos.
Reconocer cuándo estamos cansados.
Aceptar que algo nos preocupa.
Identificar aquello que nos ilusiona.
Distinguir entre lo que queremos y lo que creemos que deberíamos querer.
Conectar nuestras decisiones con nuestros valores.
Cuando tenemos la sensación de comportarnos de acuerdo con aquello que realmente pensamos y sentimos, resulta más fácil encontrar un sentido a nuestros esfuerzos.
Y esto tiene mucho que ver con el autoconocimiento.
En [Viaje al centro de ti mismo: el autoconocimiento emocional] hablábamos precisamente de la importancia de reconocer lo que sentimos, comprender qué nos ocurre y escuchar la información que nuestras emociones pueden proporcionarnos.
La automotivación no está separada de ese proceso.
Difícilmente podemos saber hacia dónde queremos ir si no sabemos desde dónde estamos partiendo.
Pedir ayuda también forma parte del camino
En ocasiones nuestro viaje necesitará compañeros.
Necesitaremos consejo.
Una conversación.
Otra mirada.
Alguien que nos ayude a descubrir aquello que nosotros ya no conseguimos ver.
Pedir ayuda no contradice la automotivación.
Al contrario.
En ocasiones pedir ayuda es precisamente una manera de mantener vivo aquello que queremos conseguir.
Nuestro entorno puede convertirse en un recurso cuando somos capaces de compartir nuestros proyectos y aceptar que otras personas también pueden formar parte de ellos.
No tenemos que hacerlo todo solos.
Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no
Una de las dificultades más grandes cuando perseguimos una meta es distinguir aquello que podemos controlar de aquello que no.
Hay circunstancias que dependen de nuestras decisiones.
Y hay otras que escapan completamente a nuestro control.
La automotivación no consiste en creer que podemos dominarlo todo.
Consiste en reconocer qué está en nuestras manos y decidir qué podemos hacer con ello.
El miedo ante las dificultades y la incertidumbre puede limitarnos, pero también puede proporcionarnos información.
Puede advertirnos de un peligro.
Puede hacernos detenernos.
Puede invitarnos a revisar una decisión.
Escucharlo sin permitir que decida por nosotros puede ayudarnos a avanzar con mayor conciencia.
Volver a nosotros mismos
Motivarnos no significa obligarnos a estar bien.
Tampoco significa negar el cansancio, el miedo, la frustración o la duda.
Todas esas experiencias forman parte del camino.
La automotivación consiste, en buena medida, en aprender a relacionarnos con ellas sin permitir que ocupen todo el espacio.
Aceptar que estamos desanimados puede ser el primer paso para descubrir qué necesitamos.
Reconocer una dificultad puede ayudarnos a buscar una nueva estrategia.
Admitir un error puede permitirnos aprender.
Y descubrir que algo ya no nos mueve puede abrir la puerta hacia otro proyecto.
Cada uno de nosotros es también un proyecto en construcción.
Por eso necesitamos revisar de vez en cuando qué nos hace felices, qué nos interesa, qué queremos conservar y qué necesitamos cambiar.
No para empezar de nuevo continuamente, sino para comprobar que el camino que estamos recorriendo sigue teniendo sentido para nosotros.
Llevar la automotivación a la experiencia
La automotivación no se construye únicamente pensando en nuestros objetivos. También necesitamos espacios en los que podamos observar qué nos mueve, qué nos frena y qué necesitamos cuando perdemos el impulso.
A veces una pregunta basta para abrir una reflexión. Otras veces necesitamos algo que nos saque de nuestro recorrido habitual y nos permita mirar aquello que nos preocupa desde otro lugar.
Mover los Sentimientos propone precisamente ese desplazamiento.
Cuando algo nos preocupa y no sabemos muy bien cómo actuar, podemos formular nuestra pregunta y extraer una carta al azar. La carta nos propone una planta y una acción. Esa acción puede convertirse ya en una primera pregunta: ¿qué tiene que ver esta palabra con aquello que me preocupa?
Después acudimos al dossier de Pistas y Simbología. Allí encontraremos diferentes frases relacionadas con esa carta. No son respuestas a nuestro problema, ni están escritas pensando en nuestra situación. Y precisamente por eso pueden abrir una posibilidad diferente: detenernos ante una frase que nos resuene, que nos sorprenda o que nos haga mirar nuestra circunstancia desde una perspectiva que no habíamos contemplado.
La herramienta no decide por nosotros ni nos dice qué debemos hacer. Nos ofrece un recorrido para escuchar lo que ocurre en nuestro interior y explorar otras posibilidades.
→ Descubre Mover los Sentimientos
Quizá la automotivación no consista siempre en encontrar fuerzas para seguir haciendo lo mismo. A veces consiste en descubrir qué necesitamos mover para poder continuar.
Y si quieres conocer cómo estas herramientas se llevan a situaciones reales de trabajo, puedes descubrir algunas de las experiencias que hemos realizado con adolescentes, familias, educadores y otros grupos.
→ Descubre nuestras Experiencias
Mantenerse en un estado de búsqueda interior y seguir avanzando no significa convertirse en Superman.
Quizá significa algo mucho más sencillo.
Conocernos.
Escucharnos.
Aceptar nuestras dificultades.
Reconocer nuestros recursos.
Y encontrar, cada vez, una razón propia para dar el siguiente paso.