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En la novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y Míster Hyde” los dos extremos, el bien y el mal, están conviviendo en una sola persona, el médico Henry Jekyll, que inventa una poción química capaz de transformarlo, al principio por su propia decisión y después incontroladamente, en el monstruo temible: Míster Hyde. También nosotros podemos mostrar ambas caras. La pregunta es, ¿hasta qué punto somos capaces de mantener controlado a nuestro Míster Hyde?

El autocontrol emocional no significa dejar de sentir ni reprimir lo que nos ocurre. Significa aprender a reconocer lo que sentimos y encontrar una manera de responder sin quedar a merced del impulso.

… El anciano jefe de una tribu estaba teniendo una charla con sus nietos acerca de la vida.

Él les dijo:

«Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí desde que nací, es una pelea entre dos lobos.

Uno de los lobos es maldad, cobardía, temor, ira, envidia, dolor, vanidad, indolencia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, orgullo, mentiras y avaricia.

El otro es bondad, amor, alegría, paz, voluntad, armonía, esperanza, generosidad, amistad, empatía, serenidad, sabiduría, fortaleza, compasión, humildad, dulzura, y verdad.

Esta misma pelea está ocurriendo dentro de vosotros, y dentro de todo ser humano.»

Los chicos lo pensaron un minuto y uno de los niños le preguntó: abuelo, dime ¿cuál de los dos lobos ganará la pelea?

El anciano jefe respondió: «el que alimentes»

¿Qué es el autocontrol emocional?

El autocontrol o regulación emocional de la ira es la capacidad para adecuar las propias emociones y entender las de los demás con una debida forma social que se ajuste a las circunstancias. Así, controlar el arrebato de un enfado o resistir a la tentación de actuar impulsivamente cuando nos dicen algo que no nos gusta es un trabajo en pro de hacer crecer nuestra inteligencia emocional.

Esa chispa que “nos enciende” es personal, no todo el mundo tiene el mismo clic de comportamiento inapropiado. Cada persona enciende ese monstruo que no quiere ser por un detonante determinado. Conocerlo es el modo en que podemos suavizarlo y regularlo para manejarlo del modo más conveniente en cada situación.

Cuando se da la transformación en “monstruo”, la fuerza animal se descontrola en progresión geométrica hacia el lado oscuro, hacia un instinto agresivo que se formaliza con malos modos, bloquea la comunicación interpersonal y contamina de rencor el trato social. Además, desautoriza y menoscaba al autor. Reconducir la comunicación cuando una de las partes, o las dos, pierden el control de sí mismos es muy laborioso o imposible. ¿Vale la pena?

Ha de entenderse que no tenemos que sofocar nuestras emociones, la espontaneidad de nuestros sentimientos se dará como forma natural de nuestra idiosincrasia, pero edificarnos en un equilibrio personal que pueda comunicar con respeto y sin agresividad es posible. El autocontrol posibilita comunicarnos de manera asertiva y adecuada al entorno (social, laboral o familiar) pese a sentir enfado.

Autocontrol emocional no significa reprimir lo que sentimos

Insisto, ejercer un autocontrol emocional no significa negar o reprimir los verdaderos sentimientos. El solo hecho de traer a la conciencia los sentimientos íntimos puede tener efectos saludables. Pero, además, poner esas emociones sentidas a nuestro servicio de manera constructiva puede lograr transformaciones personales que ayuden a decisiones en un sentido y/o situación determinados, como un cambio de trabajo, revisión de relaciones, etc. Hacer conscientes nuestros pensamientos o activar la fuerza emotiva como conocimiento de nosotros mismos nos dará experiencia personal transformadora, lo que supone sabiduría y se describe en el ámbito personal como inteligencia emocional.

Por otro lado, no existen emociones “buenas” o “malas”, solo hay reacciones buenas y malas a nuestras emociones.

Ante la injusticia sentimos ira, igual que al enfadarnos. El miedo posibilita la huida, con el sentimiento de tristeza se han escrito poemas conmovedores. Sucede lo mismo que con las sorpresas; no todas las sorpresas nos resultan agradables.

Cuando perdemos el control emocional

Cuando no conseguimos regular nuestras reacciones, las consecuencias pueden aparecer en nuestra relación con nosotros mismos y con los demás:

  • Es bloqueante para nosotros.
  • Interrumpe la comunicación.
  • Da una imagen de nosotros poco conveniente e inadecuada. Nos estigmatiza.
  • Puede aumentar el desgaste emocional y físico.
  • Produce emociones negativas: miedo, rechazo, vergüenza, odio y rencor.
  • Desconcierta y crea desconfianza.
  • Puede aumentar la agresividad o intensificar una respuesta que después lamentemos.
  • Hiere porque no se ajusta al momento ni a la causa.

Cómo podemos entrenar el autocontrol emocional

Las personas que saben de la importancia de regular sus estados emocionales establecen una relación con la secuencia temporal y ralentizan el sentimiento:

  • Aplazan bien los sentimientos impulsivos y las emociones perturbadoras.
  • Se mantienen en su fortaleza, positivas y motivadas aún en momentos que se han escapado a su control.
  • Manejan el pensamiento y activan la concentración cuando perciben la contrariedad o la presión del entorno.

Se trata de observar y entender los estados de ánimo, propio y ajeno, en la situación concreta:

  • Visualizando los obstáculos sin agresividad.
  • Haciendo espejo del otro.
  • Entendiendo las motivaciones ajenas.
  • Renovando la mirada, lejos de prejuicios.
  • Transformando emociones hacia la empatía y la compasión.

Avanzar en la introspección significa detenernos a observar qué está ocurriendo dentro de nosotros: qué pensamos, qué sentimos y cómo reacciona nuestro cuerpo. Cuando somos capaces de reconocer esas señales antes de responder impulsivamente, podemos abrir un pequeño espacio para decidir cómo queremos actuar.

A veces ese espacio necesita también del cuerpo: detenernos, respirar, bajar el ritmo y permitir que la respuesta no sea inmediata.

El autocontrol no nace de un día para otro, debemos educar la voluntad de la regulación emocional.

Una herramienta para abrir ese espacio

«Mover los Sentimientos» es una herramienta para explorar nuestro mundo emocional. No nos dice qué debemos hacer ni proporciona respuestas cerradas.

Cuando algo nos preocupa y no sabemos muy bien cómo actuar, podemos formular una pregunta y extraer una carta al azar. La carta nos presenta una planta y una acción. Después acudimos al Dossier de Pistas y Simbología, donde encontraremos diferentes frases y sugerencias relacionadas con esa carta.

La carta no sabe nada de nosotros ni de aquello que nos preocupa. Precisamente por eso puede introducir algo inesperado en nuestra manera habitual de pensar. Podemos detenernos ante las frases que encontramos y observar cuál nos resuena especialmente, qué nos provoca o qué relación podemos establecer con aquello que estamos viviendo.

La acción de la carta tampoco tiene una única interpretación. Podemos preguntarnos qué significa para nosotros en ese momento, desde dónde la estamos mirando o qué posibilidades abre.

No buscamos que la herramienta nos diga cómo controlar nuestro enfado. Buscamos crear un espacio entre lo que sentimos y lo que hacemos. Un espacio para observar, tomar distancia del impulso y descubrir si existe otra manera de responder.

A veces, cambiar la mirada no modifica inmediatamente la situación. Pero puede modificar nuestra posición ante ella. Y desde una posición diferente también pueden aparecer nuevas formas de responder.

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Aprender a regular nuestras emociones no consiste en hacer desaparecer a nuestro Mr. Hyde. Consiste en conocerlo, reconocer aquello que lo despierta y aprender a decidir cómo queremos responder.

Ese aprendizaje necesita tiempo, práctica y experiencias.

Recuerda, la voluntad de alimentar tu Dr. Jekyll te dará mayor bienestar emocional.

Mover los Sentimientos
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