Mover los Sentimientos

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Frecuentemente estamos tomando una decisión entre dos alternativas, es lo que llamamos disyuntiva. A veces lo hacemos intuitivamente, sin conciencia ni esfuerzo y otras requiere emplearnos a fondo.

Decidir un asunto en ocasiones nos paraliza, nos bloquea y no tomamos una opción. Esta parálisis puede ser incluso física. En otras, en cambio, acentuamos más si cabe nuestras actividades diarias, esas que marcan nuestra rutina y con las que nos sentimos cómodos. Esa hiperactividad es una forma de mirar hacia otro lado como si realmente ya hubiésemos tomado la decisión, cuando realmente estamos eludiendo afrontar la disyuntiva.

Como nos percibimos activos nos engañamos y creemos que estamos en marcha hacia el objetivo deseado. Si nos observamos veremos que en ocasiones vamos en sentido contrario a nuestros deseos.

Si nuestra personalidad nos paraliza, no acabamos de solucionar un problema que nos incordia y el miedo nos desborda sin poder hacer un análisis conveniente, también nos aísla y nos deja limitados en nuestra percepción del entorno. No podemos valorar ninguna ayuda, no vemos más allá y no escuchamos nada a nuestro alrededor.

Una vía de escape es dejar en manos de otro nuestros intereses, la elección sobre un asunto. Eso es alargar la edad infantil en la que teníamos la supervisión materna o paterna. Aceptamos lo que se nos indica porque creemos que el otro analizará nuestra situación, nuestros intereses y acertará. Pero en esta opción existe un encubrimiento del miedo a equivocarnos y dejamos en manos de otro la posibilidad de la equivocación. Si otro decide por nosotros, nos sentimos liberados de la presión, eludimos una responsabilidad que sólo a nosotros nos corresponde. Retrasamos tomar las riendas de nuestra vida y esto no es satisfactorio.

El tutor de nuestras decisiones debe ser nuestra propia experiencia sobre los hechos. Resolver el dilema puede ser un placer, el reto propio del ser humano. Podemos llevarlo a cabo al recomponer nuestra propia motivación, al permitirnos la equivocación que no eludiremos y cuya posibilidad está siempre presente en cualquier elección.

Elegir implica dejar una cosa para escoger otra. En los libros de autoayuda cuando llega este tema dejan dos hojas en blanco, una donde escribir las ventajas y en la otra las dificultades de una elección, y similar versión, los pros y los contras. Incluso creo que es parte de la misma versión cuando M. Krogerus y R. Tshäpperles proponen definir las cosas que tiran de mí y las que me retienen. En esta versión se me suma la duda, ¿cuál será la solución acertada para la disyuntiva, lo que tira de mí o lo que me sujeta?

Y suponiendo que tenga clara la solución, ¿estoy dispuesto a elegir lo que me conviene?, porque la habitual resistencia al cambio, e incluso la pereza ante el esfuerzo a realizar, pueden sabotear nuestra conveniencia. Incluso la costumbre “incómoda” se nos antoja conveniente, nos resulta cómoda.

Decidir con criterio es posible cuando creemos conocer todas las implicaciones de un asunto. Nuestros afectos nos dan una pauta en cada momento, pero podemos saber más de nosotros mismos para tomar la decisión más acertada si nos preguntamos ¿dónde no he mirado todavía? Por esto “Mover los Sentimientos” puede ser un buen aliado. Es más fácil encontrar otra perspectiva del dilema por donde amparar mis intereses. Revisar las opciones de un asunto desde un punto de vista que el azar pone a mi disposición para conocerme mejor y tomar la opción más inteligente. Es esa inteligencia emocional entrenada la que no me fallará, la que guarda la experiencia de las emociones en situaciones pasadas parecidas. La que me dará soporte a la opción más favorable en el presente.

Es difícil encontrar las semejanzas entre la disyuntiva presente y una pasada, ya hemos hablado de la alteración psicológica a que estamos sometidos en situación de elección límite, el miedo nos invade. Los sentimientos deben ser aliados en nuestras decisiones y no enemigos.

Decidir es, además, cortar la dificultad, darle salida, darle vía. Un fluir de mis razones implicadas por una serie de sentimientos que deben ser aliados en mi acertada elección. Formar un juicio es personal. Ante los mismos hechos cada uno de nosotros tiene una experiencia, por lo tanto unas razones, finalmente algo que decir. Reunir todos los pareceres sería imposible, pero intentarlo desde diferentes visiones propias está en nuestras manos. Estas ópticas diferentes son las que nos enseña “Mover los Sentimientos”.

Nuestra experiencia se nutre de emociones que tienen asentados sentimientos positivos y negativos. Así nuestra percepción está entrenada para estar alerta a unos hechos y ciega a otros. Nuestra percepción está contaminada de nosotros mismos, influida por nuestra educación en todos los sentidos, el ambiente, las relaciones, etc. Podemos aprender de la auto observación propia y de los demás.

Si me sitúo ante la disyuntiva desde todos mis frentes y escucho atentamente mis razones apoyadas por la experiencia emocional, la decisión acertada es definitivamente la escogida. (Podemos encauzar ese miedo a equivocarnos como si la equivocación fuera irreversible y/o irresoluble. Hablaremos de ello en otro artículo).

Cualquier elección meditada es fantástica, es la liberación porque acabamos con la duda. Resolvemos el dilema y tomamos una determinación.

“Tras cualquier decisión, incluso la equivocada, llega la paz”, Rita Mae Brown

También nos incomoda cuando alguien no toma una decisión, es difícil mover sus razones. Por ello una carta de “Mover los Sentimientos” podrá darnos el punto de partida para mover a alguien la voluntad a fin de que tome cierta determinación, la que sea. La facultad de elegir o dejar elegir con inteligencia emocional es aceptar nuestra voluntad o la ajena.

Nuestro posicionamiento ante los hechos ha de ser activo por ello “Mover los Sentimientos” trabaja con acciones hacia donde enfocarnos. Es estar alerta en cada situación, pues toda implicación en nuestro entorno se basa en escoger y dejar. Avanzar nuestra capacidad para encontrarnos satisfechos en nuestra elección es, en la misma acción, un beneficio para nuestro entrenamiento de la inteligencia intrapersonal.

Cuando queremos apoyarnos en “Mover los Sentimientos” ante una decisión seguimos los siguientes pasos:

  1. Tomamos una carta al azar.
  2. Activamos nuestra receptividad liberados de prejuicios y miedos.
  3. Leemos en el dossier de trabajo las diferentes sugerencias del apartado de “Pistas y simbología” correspondientes a la carta extraída.
  4. Reflexiono desde la acción verbal que ha sugerido la carta respecto a la disyuntiva. Siempre hay una relación posible.
  5. Sitúo la acción en los ámbitos implicados en la decisión: familiar, social, laboral y de salud.
  6. Analizo posibles puntos de vista alternativos.
  7. Encuentro el camino más favorable.

"Mover los Sentimientos": Un juego para desarrollar la inteligencia emocional.

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